miércoles, 14 de abril de 2010

¡QUÉ BOCHINCHE!

Vivimos rodeamos de chismes. Algunos los llaman rumores. Y se han puesto de moda lo que los políticos llaman “especulaciones” que a su vez surgen de las “filtraciones”. Pero no dejan de ser chismes. Y nos fascinan. En un país en el que el programa de TV de más sintonía consiste de un hombre que se esconde detrás de una muñeca y un “sidekick” que le ríe las gracias, el chisme se ha convertido en un negocio. Y si alguien lo duda, basta con ver que el canal de la competencia ha lanzado al aire un programa que también se dedica a comentar sobre las figuras públicas, a la misma hora, por aquello de los ratings.
¿A quién puede importarle que X sea homosexual, que Y le haya pegado cuernos a su mujer, y que Z se esté divorciando? Aparentemente a todos nosotros, porque hay que ver cómo se venden las revistas que cuentan las gracias y desgracias de las “celebridades” faranduleras y políticas. Las chismosas típicas leen TeVeNovelas y Vanidades (aunque sea en la fila del supermercado). Las chismosas (y chismosos) bilingües se enteran de los chismes en People, In Touch, Star y el National Enquirer, mientras que las chismosas guaynabitas prefieren Hola y Semana, quizás porque en el fondo quisieran cotillear con Cayetana o con la Familia Real. Eso sin contar los programas de E!, Biography, El gordo y la flaca y otros cuyo propósito principal es penetrar en la intimidad de actores, músicos, bailarines y de todo aquél que haya tenido sus 15 minutos de fama.

“Yo no soy chismosa, soy veraz y comunicativa.”
Según la RAE, un chisme es una noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna, mientras que un rumor es una voz que corre entre el público. De acuerdo con estas definiciones, por lo tanto, los chismes y rumores no necesariamente son falsos. Parecería, entonces, que la diferencia entre ambos estriba en su alcance, en el número de personas que participan. Un amigo me comentaba que había oído un rumor, pero que no lo repetía porque él no era “chismoso”: mientras que el rumor era general, el chisme sería particular, aunque el tema fuera el mismo.

“Cuando el río suena...”
El estudio de los rumores tiene una larga historia en las ciencias sociales. Allport and Postman (1947) postularon una teoría que tuvo mucha influencia en su época. Su preocupación principal eran los rumores que habían surgido durante la Segunda Guerra Mundial y el efecto que tenían en el ánimo de los combatientes y de la sociedad en general. Su teoría se basaba en dos premisas: 1) que la gente se esfuerza por encontrar el significado de las cosas y de los eventos y 2) que cuando se enfrentan a la ambigüedad de un evento importante, la gente tiende a repetir rumores similares para encontrarle significado.
En otras palabras, cuando escuchamos un rumor de que alguien ha hecho tal o más cual cosa, 1) buscamos las razones que pudo haber tenido para ello y 2) si el rumor es confuso, buscamos otros rumores similares para entender de qué se trata.
El objetivo de un rumor, por lo tanto, es interpretar la realidad que nos rodea dándole u nuevo sentido, o tratar de unir las diferentes piezas de un hecho específico añadiéndole información nueva, sin importar si ésta es cierta o falsa.
El mejor ejemplo de esto es la muy conocida dinámica del murmullo. Este ejercicio, que se usa frecuentemente en los talleres y adiestramientos, reúne a un grupo de personas (mientras más, mejor y más divertido) que forman un círculo o una fila. La primera persona escribe una frase en un papel (que se guarda hasta el final del ejercicio) y se lo dice en secreto a la persona que tiene a su lado. Ésta, a su vez, la repite a la persona siguiente, y así sucesivamente hasta que todas hayan oído el mensaje. De más está decir que lo que oye la última generalmente no guarda relación alguna con la frase original. Esta distorsión de la comunicación se explica porque cada individuo le imparte su propia interpretación a lo que escucha para que tenga sentido.

Mi esposa y yo vimos un programa

romántico sobre una pareja francesa

joven que pensaba divorciarse

imageJAIME

La esposa de Jaime le pidió el divorcio porque él se fue para Francia con una muchacha.


¡Pobre Jaime! Un hecho particular se convierte en rumor por:

· Omisión: En la transmisión de la información se omiten los detalles que permitirían entender completamente el incidente.
· Acentuación: Las personas que difunden un rumor le dan énfasis a lo que ellas consideran importantes para poder interpretar un hecho.
· Asimilación: Las personas que reciben el rumor relacionan los mensajes segmentados y los datos más destacados con las experiencias pasadas o las actitudes presentes.
Un rumor se combate con hechos que lo desmientan. Sin embargo, los estudios sobre la “psicología del rumor” señalan que, aunque las personas reciban posteriormente la información y los argumentos verdaderos, el rumor se resiste a desaparecer. Esto sucede con las leyendas urbanas. Todos conocemos a alguien, que a su vez conoce a alguien a quien le pasó algo terrible que nunca se ha podido corroborar. Pero estos cuentos modernos siguen y resurgen periódicamente con ligeras variantes.

“A mí no me gusta, pero me entretiene.”
Desde el punto de vista de la psicología evolutiva, el chisme cumple una función social porque sirve para crear lazos entre los miembros de un grupo. En nuestro pasado remoto, cuando los humanos vivían en pequeñas bandadas y el conocer gente nueva era un hecho poco común, el chisme nos ayudaba a sobrevivir.
El antropólogo británico Robert Dunbar (1993), uno de los psicólogos evolutivos más influyentes sostiene que cuando nuestros antepasados paleolíticos eran más monos que humanos, era sumamente importante que entendieran la posición que ocupaban en la jerarquía grupal. Por tal razón, el conocer quién se apareaban con quién, quienes habían formado alianzas, quiénes habían peleado entre sí, era vital para conservar o mejorar su posición en el grupo. Esto, sugiere Dunbar fue el comienzo del chisme. ¿Cómo se transmitían los chismes antes de que el lenguaje evolucionara? Dunbar especula que los homínidos primitivos mantenían y comunicaban sus relaciones mediante el comportamiento de acicalamiento mutuo (grooming) que aún vemos en los primates inferiores. Además de
contribuir a la limpieza de la piel y provocar bienestar emocional (por el aumento de las endorfinas), este acicalamiento era una manera de establecer y conservar amistades, determinar la jerarquía dentro de la tribu y comunicar a los otros miembros las conexiones sociales de cada cual.
Yo me imagino que eran algo así como monos en facebook “texteando” en twitter mientras se sacaban los piojitos mutuamente.
Pero Dunbar va más allá en su teoría. Especula que en un momento dado las tribus crecieron demasiado y ningún primate podía acicalar a todos los demás, por lo que surgió el lenguaje como un medio de expresar las relaciones sociales. En vez de la explicación antropológica tradicional de que el lenguaje evolucionó entre los varones para coordinar la caza, Dunbar propone que el leguaje evolucionó como un medio de mantener e identificar las relaciones sociales.
Tal parece que desde entonces no hemos parado de chismear, porque seguimos fascinados con los machos y hembras “alfa” de nuestra tribu, que ahora se llaman Tiger, Brad, Angelina o Jennifer.

“Dicen las malas lenguas, y la mía que no es muy buena lo repite...”
Los chismes no siempre son malos. “Si la gente no está hablando sobre los demás, hay algo que está mal―que nos sentimos enajenados socialmente o indiferentes” dice Ralph Rosnow, profesor de psicología de la Universidad de Temple y coautor de Rumor and Gossip: The Social Psychology of Hearsay porque, aunque criticamos a los chismosos, en realidad los chismes nos ayudan a sentir que pertenecemos al grupo, que somos parte de él. Algunas publicaciones reconocidas, como Psychology Today también sugieren que el chisme puede ser una parte saludable de nuestra sociedad (“The Dirty Little Secret About Gossip” por Jennifer Drapkin, Psychology Today, Nov/Dec 2005.)
Cuando nos reunimos con nuestros amigos y compartimos cuentos sobre conocidos mutuos sentimos que tenemos algo en común. Cuando llegamos a un empleo nuevo, los comentarios de los compañeros sirven para conocer “cómo se bate el cobre” y lo que se espera de nosotros.
El día que nos cuentan un chisme nos sentimos aceptados porque nos han confiado una información privilegiada.
Inclusive los chismes de los niños, que a veces son muy crueles (“Mario apesta” “Joanna come pasta de dientes”) cuando se dicen de frente sirven un propósito. Dice Jack Levin, Ph.D., profesor de sociología y criminología de la Universidad de Northeastern y coautor de Gossip: The Inside Scoop: "Estos comentarios crueles son efectivos porque el blanco de los chismes aprende una información importante―que no es invisible para el resto del mundo. El resultado es que esa información vital le ayuda a ver que necesita cambiar su conducta ofensiva.”

Hombres chismosos. Se dice que las mujeres chismorrean más que los hombres. Quizás es que lo hacen mejor. Los hombres hablan de “mantenerse en contacto”, “establecer conexiones” “ponerse al día”, o “networking”.
La diferencia entre ambos sexos parece estribar en el contenido de sus chismes. A los hombres les interesa saber quién está arriba y quién cayó en desgracia y de ahí su obsesión con los deportes. Las mujeres tienden a chismear sobre la inclusión social y el alineamiento moral―quién está “in” y quién tiene mérito. Lo que Darwin llamó selección sexual―las mujeres buscan buenos genes masculinos y los hombres promueven sus propias cualidades―lleva a los hombres hacia la competencia y a enfocarse en las acciones instrumentales. Y lleva a las mujeres hacia las dinámicas de la intimidad, las emociones y las relaciones sociales.
El chismorreo es algo natural. Ocurre en la comunidad, en el trabajo y en la escuela. Lo importante es examinar el contenido de los chismes para determinar si es algo saludable y natural en nuestras vidas

“Calumnia, que algo queda.”
No todos los chismes son buenos chismes. Generalmente, el chismorreo entre dos personas acerca de una tercera consiste de noticias neutrales: un embarazo, un ascenso, una boda. El chisme deja de ser inofensivo cuando una persona:
  • Revela un secreto que había prometido guardar
  • Riega un rumor negativo sobre otra
  • Miente acerca de algo
  • Dice algo hiriente sobre un amigo, colega o familiar
  • Es un “aguafiestas” y comenta algo importante (“Mi hermana está encinta” y la hermana no se lo ha dicho a nadie)
  • Hace el comentario por venganza, rencor, o maldad
Este tipo de chisme dice más sobre el chismoso que sobre la persona objeto del comentario y, aunque de primera intención parecería que logra su objetivo, a la larga va perdiendo la confianza de los miembros de su grupo.
Lo mismo sucede con los chismosos compulsivos que utilizan los chismes como su estilo principal de comunicación porque:
  • sienten celos o envidia de alguien y tratan de sentirse mejor al decir cosas negativas sobre esa persona
  • quieren ganar popularidad y usan los chismes para ganar adeptos
  • están disgustados con alguien y, en lugar de manejar sus emociones directamente con esa persona, prefieren ventilar sus sentimientos en público
Morbosos, voyeristas, periodistas y analistas

Una persona morbosa es aquella que tiene un interés malsano y se siente atraída por los acontecimientos desagradables. Los sucesos violentos ofrecen una excelente oportunidad para que los individuos, sean o no sean chismosos habituales, saquen a relucir su lado morboso. Si ocurre un asesinato, las cámaras de TV enfocan el cadáver y los periódicos recurren a sus “fuentes de entero crédito” para hacer conjeturas sobre motivaciones y culpables, mientras que los “analistas” sostienen que son objetivos al discutir los pormenores del caso; todo ello en medio de las “filtraciones” de los tribunales. La combinación de morbo y chisme provoca niveles de tensión y frustración que el pueblo trata de disminuir mediante rumores que también resultan morbosos.
Los voyeristas, aquellos que disfrutan contemplando las actitudes íntimas o eróticas de otras personas, también están de plácemes cuando se publican y comentan noticias relacionadas con divorcios, infidelidades y salidas del clóset. Si además son chismosos, no reparan en atacar reputaciones. Basta con decir “a mí no me consta, pero...”

En resumen, todos tenemos algo de chismosos. Si leemos un periódico en presencia de otros, comentamos las noticias y les añadimos nuestra opinión. Cuando entramos a facebook nos enteramos de lo están haciendo y pensando nuestros “amigos”, muchos de los cuales ni siquiera hemos visto en persona. Disfrutamos con sus comentarios y comentamos nosotros y vemos grupos con diferentes enfoques y propósitos. Después de todo, somos humanos. Y me atrevo a apostar que más gente va a hacer clic en esta entrada del blog que en todas las anteriores.


PSICORRECETA:
1. Cuando alguien te venga con un chisme sobre alguien que tú conoces, pregúntate:
· ¿Es la información algo negativo para una tercera persona que no está presente para defenderse?
· El repetir lo que te han dicho, ¿te hace sentir que eres mejor que la persona de la que estás hablando?
· ¿Estás usando la información que repites para, de alguna manera, lucir mejor?
2. Recuerda que se ha dicho que las personas brillantes hablan de las ideas, las personas comunes hablan de las cosas y las personas inferiores hablan de las otras personas.
3. Reflexiona antes de hablar, no dejes que te confundan con una persona inferior.


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